I'm a poet, I'm a fighter, I'm a preacher ♫











{26 septiembre 2008}   Imposible

Ella no le conocía muy bien. Sin embargo, no dudó de aquellos ojos, de aquella sonrisa que le concedía cuando ella lo necesitaba…de sus abrazos, que habían sabido darle consuelo. Al principio , ella supo engañarse a la perfección y prefirió creer que un sentimiento de gratitud le impulsaba a querer tenerlo a su lado, cada vez más, y aguardar con impaciencia su llegada.Incluso llegó a pasar por alto el latir desbocado de su propio corazón, mintiéndose. Se esforzó en creer que no podía volver a posar sus ojos en nadie, no después de lo que había pasado. Además, seguramente, él la decepcionaría, él se burlaría de ella, él no tendría en cuenta sus sentimientos, él se alejaría dejándola herida como los anteriores ya lo habían hecho.

Sí, hasta se había prometido no volver a creer en nada. Cuando se dio cuenta, ya era tarde y el nombre de él se le había aferrado a la sangre, las caricias habían traspasado la piel, porque ya no eran un simple gesto, su amabilidad era algo más que aliento que le ayudaba a seguir, su voz tranquila y suave era lo único que ella quería oír, aquella risa y su música tan peculiar, sus pupilas que la miraban de un modo que le resultaba vagamente familiar… ya necesitaba de ello para ser feliz. Y la confianza que ella le tenía se fue haciendo cada vez más grande, hasta descubrió que una especie de timidez se enredó en su consciencia y no le permitía liberarse de estas cadenas, ella pensaba mil y una veces, que su amor no podía ser y debía reprimirlo.

Por eso empezó a extrañarle en las noches donde su presencia hubiera bastado, donde una sola mirada, le hubiera devuelto la paz. Hasta podía sonreírle sin que él pensara todo aquello que ella se tomaba el trabajo de disfrazar, por mero miedo. En su cabeza no había ni siquiera la posibilidad, aunque todos ya lo habían notado y la observaban con una expresión cómplice, cómo ella se calmaba en su presencia y se ruborizaba tanto, que era imposible ocultarlo, cómo bajaba la cabeza en una especie de vergüenza tan grande, que le quitaba el aire…como desesperada buscaba entre sus ideas alguna palabra, para que él no percibiera sus silencios donde ella se quedaba hipnotizada… como esperando que él se le acercase más…

Se dio cuenta que él no lo notaba, de hecho sus amigas empezaron a tratar de convencerla para que le dijera, pero ella se negó. No podía destruir una amistad, lo que él había querido pasaba por encima de cualquiera de sus absurdas ambiciones que no eran más que sueños, ella no podía arruinarlo todo y lamentarse luego, porque si ya era lejano, nada iba a producir el efecto contrario. Si él era feliz así ya bastaba para ella, aunque en verdad muriese por dentro y toda esperanza se quemaba y resucitaba de las cenizas, enloqueciéndola.

Era todo lo que le importaba, poder hacerle ver que él no tendría motivos para rehuirle y no volver, como si diera por sabido lo que ella con tanto recelo guardaba, aún así cuando él nunca supiera que ella lo quería tanto.

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