I'm a poet, I'm a fighter, I'm a preacher ♫











{24 agosto 2008}   Tristeza

Silencio.Un eco.Otra vez. Déjala pasar, es ella. Penetra en la habitación con su inconfundible sensación de vacío. Y maldigo, sí. En mis ojos parece agolparse toda el agua del mundo. Mis labios callados. Mi figura inmóvil, vulnerable, pequeña. Ya se siente parte de mí. Ella, habita hasta en los más oscuros pensamientos, donde la luz no llega jamás.

Vuelvo sobre lo mismo. No hay nadie. Desdoblo mis secretos, la tinta ya está emborronada, las lágrimas y el tiempo, las veces que he vuelto a leerlos, los han desgastado. Las veces que intentaron profanarlos, algunos por obra de curiosos, otra de ingratos que querían destruirlos. Y las menos de las oportunidades, donde yo les di rienda suelta porque no soportaba tenerlos encarcelados. Porque la ansiedad me pudo.

El frío me abraza, con sus dedos me hace presa de su cuerpo. Él es hielo y yo rosa que estalla.

En la tarde de agosto, ya nada se recuerda. Despezada sobre el suelo. Despiadadas imágenes recorren mi mente, ella me dibuja sus huellas en el cuerpo. Hace los nudos en mi garganta, pinta su retrato en mis ojos. Y por último, traza su mueca en mis labios.

Anda, mira como ella me corona. Quédate ahí pero no hagas nada, es emocionante fingir que estoy sola. No rompas el clima, sé invisible como siempre lo has sido. Ahí tengo algo mío, mi reino, su poder.

Me desvanezco en sus manos.

Desdibuja poco a poco mis trozos de plenitud que subsisten y se aferran. Sólo quiero cerrar mis párpados… ella me enseña y sonríe como una madre. Dulce, si es que alguna vez puedo haberlo sido, me acaricia suavemente el pelo y besa mi frente…me deja allí y detiene el tiempo. Yo empiezo a inventar los sueños, pero ellos no tienen fuerzas ya. Me rendí. Las agujas cesan, mi terquedad también…ella contempla el cuarto, y libera mi desahogo.

Tiende una mano, a modo de burla, sabe que no puedo tomarla, que es en vano. Que no quiere salvarme…con malicia, me ordena humedecer de llanto mi viejo rosario de madera. Yo elevo mi plegaria.

Ella, sin dejar de caminar de esa forma tan característica y suave, casi como si sus pies no tocasen el suelo, me dirige una última mirada. Ella ve el manantial calmo que fluye lentamente de mi vida…y a modo de un adiós, mientras pasa a través del umbral sin abrir la puerta, susurra casi inaudible…

<<Buen viaje…>>

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