Es verdad; pues reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos;
y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí
de estas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Este es el monólogo de Segismundo, personaje principal de “La vida es sueño”. Hace poco lo he leído con interés ya que antes este tipo de obras no había llamado mi atención.
Y me puse a pensar en todo aquello que trata de decirnos el autor. Me pregunto si realmente soñamos lo que somos, aunque eso puede considerarse subjetivo, porque lo que somos nunca es lo que creemos que somos, siempre pasamos por alto pequeños detalles y lo hacemos todo a grandes rasgos, siempre obviamos y como dice Jaime Barylko en otras palabras, en uno de sus libros de filosofía cuyo nombre en este momento no recuerdo, nosotros armamos nuestro rompecabezas, pero al mirar atrás, nos damos cuenta que lo más importante no está donde creía
mos que estaba, sino que ha quedado en otro lugar.
Justamente, soñamos lo que somos, mientras lo que somos es parte de un todo, tomamos pequeños trozos de ese todo y lo amoldamos. Así creemos lo que somos, lo soñamos. Y todos, es que realmente no se puede tener una imagen fidedigna de sí mismo.
Hasta quizás somos locos y estamos soñando, o somos el sueño de otro y no existimos de verdad, nos creemos aquí y ahora, con la decisión, quizás no es así como lo pensamos.
Es más, me atrevería a decir que nunca es como lo pensamos, todos soñamos lo que somos y ninguno lo entiende, esto es porque nadie ha encontrado el significado de ese sueño, que es la vida, que tiene varios matices, que nos desconcierta y abruma, que nos hace felices, que
nos enloquece, no sabemos a dónde ir. Y soñamos que somos, sin ser nada realmente, soñamos para despertar en la muerte, porque la eternidad es lo que nos hace conscientes.
La gente dice...